miércoles, 23 de noviembre de 2011

Cuando la crítica deja de ser crítica y se hace cómplice del status quo

Sobre Carta Abierta X (http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-181845-2011-11-23.html)

Por Ariel Feldman


Empalagado por el lirismo de Carta Abierta X uno no puede más que preguntarse qué impide a que tan cavilado tejido de palabras pueda nombrar con sus nombres al modelo agroextractivo como pilar de "El Modelo", al gobernador de “la capital del kirchnerismo” el radical K Gerardo Zamora, al Poder Judicial provincial, al Gobierno Nacional que ostenta el poder del estado.

Carta Abierta X es un ejemplo de cómo fetichizar un fenómeno por el sutil mecanismo en que a la vez que se pretende visibilizar una realidad vergonzante, o impugnar una posición retrograda, se soslaya el conjunto de relaciones y de actores que realmente puede develar aquella injusticia. Su prosa es efectiva como discurso ideológico precisamente porque no niega obtusamente el dolor, sino que expone la injusticia, pero lo hace de forma abstracta. Nos coloca un árbol ante los ojos ocultandonos el bosque, falseando el ocultamiento en visibilización. Su discursividad constituye la expresión sutil del modelo de comprensión de los fenómenos que el progresismo con sinceras expectativas en el gobierno ha desarrollado para justificarlo y justificarse: es el modelo racionalista del “mejor de los mundos posibles” donde todos los fenómenos que se identifican como negativos lo son en función de una totalidad que no puede más que contenerlos para poder ser en su positividad: Así la burocracia sindical es necesaria para la estabilidad, la regresividad impositiva para el desarrollo de la inversión, los salarios bajos para la competitividad, la obsecuencia de la prensa amiga para la batalla contra los monopolios mediáticos, etc. Si este modelo racionalista empieza a mostrar grietas y se comprenden como injustificados ciertos fenómenos, y de esto Carta Abierta tambien es un ejemplo, se asumen entonces esos aspectos negativos de forma diseccionada, en tanto accidentes del sistema y nunca como determinaciones de lo que es. Así, en Carta Abierta X todo lo que el Estado a través del Gobierno legisla magramente por decreto o impulsa en el parlamento en detrimento del “mercado” (ínfimo porcentaje, frente a la legislación pro-empresarial, que poco y nada ha tocado la estructura productiva de bienes y desigualdades del país) expresaría paradójicamente el Zeitgeist (el espíritu de la época), la esencia de este gobierno y de su “proyecto”, mientras que las consecuencias sociales producto de su “Modelo” basado en la precarización laboral (competitividad por bajos salarios, la lucha de los precarizados y el primer Ferreyra) y el modelo agroextractivo ( es este gobierno nacional el que se propone aumentar las exportaciones argentinas mediante el aumento a 160 millones de toneladas la cosecha de granos para el año 2020, para lo cual precisa ganar más terreno para la plantación de soja, la estrella de los commodities, lo cual implica el desmonte y las consecuente muerte de resistencias como las encarnadas por el MOCASE, y el segundo Ferreyra), parecen páginas de diarios "alucinados" y culpa de una "epistemología de negocios", donde por un pase de magia ideológico el Estado, que se vanagloriaba tan presente, de repente desaparece de la escena y del análisis (quedando su presencia a lo sumo en sustantivaciones indeterminadas del tipo “complicidad con jueces o mandos policiales y políticos”).


El Principio Esperanza que citan, el de Bloch, no era para el autor ni ciego ni indeterminado, y su lirismo intentaba quebrar la sombra que la palabra temerosa, o perdida de sí, proyecta sobre el dolor. La esperanza se basa en la comprensión de la injusticia, no en el nombramiento in-mediato del nombre, de Ferreyra; se basa en la crítica que hiere la injusticia de la realidad, no la crítica que embellece la injusticia como paradoja. Precisa el Principio Esperanza el nombrar que expone, el nombrar que intenta poner el dolor de muchas singularidades en relación con una criminal totalidad que se nos escapa pero organiza nuestra existencia. A Adorno y Horkheimer les alcanzaba un campo de concentración para sacar una conclusión universal sobre su época no por ser Auswitch sólo epítome del horror, sino porque entendían la barbarie nazi como expresión de la esencia de lo que había devenido la razón europea: si la muerte hubiese sido obra de una alucinada secta religiosa pobre significación tendría. Los Ferreyra permiten sacar conclusiones porque no son muertes caprichosas realizadas por alucinados y sedientos capitalistas trasnochados en la ya diurna luz Kirchnerista, sino que esos cuerpos jóvenes, como los cuerpos viejos Qom, como los cayosos del Indoamericano, son los desechos de la historia de un modelo que no puede sino tener a estas víctimas como consecuencia, y eso deben decirlo con todas las letras aun los que desean apoyar los aspectos progresivos que este gobierno sí pudiera tener, aspectos entre los que seguramente no estarán su política frente a la precarización laboral, los agronegocios, el desmonte, la política minera, la judicialización de la protesta, la política gremial, el intocado, vergonzante y regresivo impuesto al consumo de productos básicos combinado con la magra performance del impuesto a las ganancias e ingresos brutos, la política de seguridad de la provincia de Bs As, el negocio del juego y los casinos, etc., etc., etc.


El papel que ha cumplido Télam (http://www.telam.com.ar/nota/7745/ y http://www.telam.com.ar/nota/7599/), Pagina/12 con censura incluida (http://www.anred.org/article.php3?id_article=4578) y Carta Abierta ante la situación en el monte santiagueño amerita unas lineas finales sobre el pensamiento crítico y su enarbolación. Es de esperar que los indignados ante las ideológicas coberturas de “los medios monopólicos” no tengan su indignación fetichizada y puedan mostrar su indignación ante la violencia que la palabra oficial ejerce sobre la realidad de forma dolorosa y continua. La crítica es orgánica a la injusticia, al dolorreal, a los vilipendiados, orgánica a los muertos y a los vivos que resisten la muerte, es la grieta que abre la trama sedosa del discurso que oculta la sangre real. Cuando la crítica se hace orgánica no ya a las heridas que la realidad infringe sino a un discurso sobre la realidad, se vuelve necesariamente heterónoma, deja de ser critica y se hace cómplice del status quo.


Saludos


A


PD. (Abusé un poco de los parentesis sin duda)

miércoles, 21 de julio de 2010

El tiburón

Mi gran tiburón blanco nada, un cuerpo unimuscular y satinado,

Un cardumen unánime de incontables glóbulos blancos,

Una desmesurada monada con una ventana para que respire la muerte,

Para que hable la voluntad con su estómago infinito donde habita el vacío.

Nada ahí donde el océano es desierto, donde ni plancton ni medusas,

Ahí nada, donde pura agua muerta, colorida de negro y azul renegrido.

Oscuras son las fauces de mi muerte, más oscuras que lo invisible.

Mi gran tiburón tuerto me mira por la llanura vertical que lo encadena,

Se abrazan las cosas con odio en su sensibilidad prensada,

Bidimensional en su eje de lo sabido, y en su eje otro que no pregunta.

Por la ausencia del ojo le brotan palabras de paladar acuático y seco.

Mis furias se piensan también en esa metáfora bucal, y se distraen,

Y bailan incisivas, danzantes entre maxilar y maxilar, y se tropiezan,

Y sólo así regresan en sí, y en mí, y buscan ásperas más que éter que tragar

Y encuentran arcadas en el camino de su experiencia, hasta decir eureka,

Y cantan nuevamente, y se miman unas a otras y se dicen cosas bonitas

Y se frotan contra los merfiles de mi gran blanco y tuerto y final amigo.

El cuerpo donde explota el silencio, ése han de escanciarse.

miércoles, 9 de junio de 2010

Una comunidad judia en su hora pre-peronista

La comunidad judía se encuentra hoy en un estadio pre-peronista. Los judíos nos hallamos en una suerte de periodo oligárquico en que un manojo de instituciones no representativas o directamente ajenas se arrogan la representación de todos, hablan en nombre de los judíos, y sin mediación alguna pretenden hacernos apologetas de crímenes de lesa humanidad. ¿no es hora de que pongamos las patas en la fuente, entremos en escena de cuerpo presente, de palabra presente? Porque, así dadas las cosas, todo aquello disímil que para cada uno y para cada cual es “lo judío”, el ser judío vital y biográfico, seguirá siendo profanado incesantemente por la política espuria de aquellos que vapulean nuestra tradición y nuestra historia, y hacen la política más sucia con ellas.

Luego del pistolero ataque Israelí a una flotilla internacional con ayuda humanitaria que pretendía al unísono aliviar la situación de la población sitiada de palestina y poner en cuestión un inhumano e ilegal bloqueo, y en una caricatura repetida, ayer nuevamente se reunieron en la Sociedad Hebraica Argentina (SHA) el embajador de Israel en Argentina, Daniel Gazit, y los representantes de la DAIA, la AMIA, la Campaña Unida Judeo Argentina (CUJA) y la Organización Sionista Argentina (OSA), para pretender falsamente la unidad de la comunidad judía argentina en el apoyo ciego e incondicional al Estado de Israel.

Y sucede por enésima vez, con la gravedad creciente de los cadáveres de seres humanos que no cesan de apilarse, por enésima vez han salido desde las instituciones a respaldar el discurso obscenamente falso y la acción criminal odiosa del Estado de Israel contra el indefenso pueblo palestino y contra cualquiera que se atreva a pretender justicia para él.

La comunidad judía es un sujeto más o menos real, más o menos artificial, pero que existe sin duda en tanto que se lo interpela y termina englobándose a decenas de miles de voluntades de ascendencia judía en Argentina bajo la categoría. En la medida en que son los nombres de miles de personas con ideas, pareceres y principios particulares los que identifica la idea de comunidad judía, ¿quiénes serían capaces, para apañar violaciones comprobadas a los derechos humanos, a usar sus nombres en vano? Son capaces sólo aquellos que usan nuestra humanidad únicamente como medio para otros fines, y que en ningún caso tienen por fin y objetivo el resguardo de nuestro ser, sensible a la injusticia, perseguido, resistente, crítico.

Por un lado tenemos a la Embajada de Israel en argentina, que debiera restringirse a asistir a los inmigrantes y turistas israelíes, únicos sujetos que pueden ser representados por ella. Cuando dicha embajada habla en nombre de los judíos argentinos les está usurpando su identidad y no deja de realizar golpes de estado a la representación de dicho colectivo. Esta comunidad judía argentina, que ilegal e ilegítimamente se arroga representar la embajada de Israel, era desaparecida juntamente con otros miles de argentinos compañeros de sendas y sueños mientras el gobierno israelí, al que sí representa legitima y legalmente la mencionada embajada, les vendía armas a las militares argentinos, sus secuaces violadores de los derechos humanos. Hoy ese favor cruento lo devuelve la Argentina. Mientras Israel viola todo derecho internacional y humano, Argentina honra a dicho estado en el marco de los acuerdos comerciales Mercosur-Israel, y los aun más ominosos acuerdos secretos israelíes-argentinos de cooperación “científica”, previsiblemente militar, de la ley 26.437 del 13 de enero de 2009 aprobada a escondidas al calor del carnicero ataque autodenominado “plomo fundido”, y que Laura Grinsberg y APEMIA vienen denunciando).

La otra cara de esta falsa representación, esa moneda de curso ilegal e ilegítimo, está dada por la junta oligárquica que dice representar a la comunidad judía pero que, siendo antidemocrática en su misma constitución, lejos se halla de tal atributo: vecino argentino judío, vecina argentina judía, joven universitaria, ¿Ud. sabe a quién, cuándo y dónde se realizan las elecciones de la Daia y la Amia? ¿qué se vota? ¿está Ud. empadronado? ¿podrá votar? En las últimas elecciones de autoridades que coronaron a los ortodoxos votaron menos de 7.400 personas de una comunidad que supera los 200.000 miembros en Argentina. Pero no sólo sucede que su legalidad se encuentra viciada, sino que sobre todo la legitimidad de estas instituciones raya la nulidad a partir de la sí por todos conocida traición continua a los vivos y a los muertos luego de la voladura de la AMIA en 1994 y las múltiples relaciones non sanctas con los poderes de turno. La comunidad judía vive su ya demasiado larga década infame, y ha de acabarla irrumpiendo con su presencia viva.

Si el calvario y muerte de nuestros padres, abuelos y bisabuelos, su sufrimiento, dignidad y resistencia, no nos anima hoy a indignarnos y a resistir la utilización de lo que ellos significan para nosotros y para la conciencia de la humanidad toda, si no nos envalentona a decir NO ante su utilización para apañar y exculpar continuas injusticias, nuevos crímenes indecibles, si no nos hace alzar la voz, avergoncémonos, avergoncémonos, avergoncémonos.

Los palestinos viven en la total injusticia, subyugados por un poder comparativamente omnipotente que ha demostrado todo desprecio por su humanidad. La justicia no les ha de llegar sin que Israel antes no pierda cierta intangibilidad internacional que se sostiene, no en pequeña medida, en el hecho de que Israel encarnaría el espíritu y salvaguardia de todos los judíos, los perseguidos por centeños y exterminados en los campos de concentración nazis, así como nos representaría a nosotros sobrevivientes y descendientes. Auswitch y su memoria en nosotros, la experiencia de lo judío en nosotros debe, con nosotros, despegarse de su utilización manipuladora y exculpatoria.

Los judíos que se sienten seres humanos, justos y dignos, más allá o más acá de su judaísmo, fuera o dentro de Israel, deben hoy alzar su voz por un pueblo hermanado en la injusticia, el pueblo palestino. Y la comunidad o colectivo judío de argentina, como cada uno prefiera, ha de decir nuevamente No en Nuestro Nombre y negarle toda legitimidad a quienes dicen hablar en su nombre cuando hacen apología de continuos, terribles crímenes, y de la violencia más vergonzante e inmoral.

Cuentan que en una mutua montaña oscura y ante senderos neblinosos el judío Adorno dijo que el camino correcto estaría dado únicamente por el esfuerzo por salir de esa oscuridad, la barbarie. Y lo hizo no sin que agregase prontamente el judío Celan “es hora de que sea hora”.

Es hora de que pongamos las patas en la fuente.

Ariel S. Feldman

08.VI.2010

lunes, 19 de abril de 2010

Sintomatología de la hiperconciencia otoñal y sus cambios de temperatura


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(A los amigos hermanados en la neurosis. A leer con cierto, no completo, sarcasmo)
La medicina merece que se la piense en barroco
Jean Hipocratie Renuer (1756)
Otoño. La naturaleza se desmorona en hojas y un frío húmedo hace la vida un disgusto. Empiezan a pulular entre nosotros los sincopamientos respiratorios y las lágrimas de ceniza, el ventarrón ecléctico del estornudo serial. Todo eso sucede y sin embargo la incertidumbre y el terror no reinan entre la población, que camina impávida ante los espejos de abismo que son nuestra grieta congestionada. La alergia otoñal no es otra cosa que la manifestación de verdades tan pero tan físicas que nos hemos vuelto insensibles a ellas (lo que por ello llamamos metafísicas). Sólo el infantilismo naif que vive la falsa consciencia del sentirse bien con la hostilidad de la realidad que nos rodea, nos priva de la sabiduría que la reacción alérgica encierra.

No es el único, pero la alergia es un síntoma privilegiado, por agigantado, del abismo entre el sujeto y lo otro de sí. El mundo nos es ajeno. Ya no siendo uno con la realidad, el hombre deviene hombre e intenta dominar lo que se le distingue negando su diferencia, igualándolo a si mismo. Ese si mismo también intenta homogeneizarse, borrar su contradicción propia, e incluso pretende hacer del cuerpo una extensión de esa consciencia que se quiere homogenea. Ante esta razón tiránica el mundo se resiste sin embargo como lejanía, que hospitalariamente se plasma en que todo lo que no es asimilable, dominable por ese cuerpo que pretende ser extensión del yo subjetivo, ordenador del mundo, es potencialmente patológico. Es decir, todo lo que no soy es una otredad, y toda otredad, en la medida en que no sea metabolizada, aceptada por el cuerpo, como por ejemplo sí suelen serlo las células de oxígeno limpias o puramente mezcladas con una doble ración de hidrógeno, constituyen cada una y cada cual, con la unidad monadológica del crimen preestablecido, una némesis del sujeto. 

Lo otro es el enemigo íntimo.

Si alguien dijera que la alergia puede ser psicosomática, le contestamos que en todo caso eso no amerita una distinción, no constituye una diferencia cualitativa falseadora, sino que es una diferencia de grado que confirma la teoría. La psicosomática alergia seria hiperbólica, la alergia paranoide, una hiperconciencia que se apresta a educar lo corporal sobre la ajenidad de todo lo externo. Ante la fantasía de que lo que me llevo al bolsillo, mi encendedor, puede llevar el mismo posesivo que mi musculo intercostal, ante eso, se levanta la sensibilidad neurótica desarrollada para percibir lo que no es el propio ser, sino el peligro de que dicho ser devenga nada.

El sujeto no es pues ya uno con lo otro de si, de eso no hay vuelta atrás. Y sin embargo, lo otro de sí está en sí, en cierto grado, en el cuerpo que soy yo y me es otro, tan lejos él y tan cerca, que el cuerpo a veces no lo reconoce y en la peor de las alienaciones, se ataca a sí mismo. Alguna vez la ciencia correrá el velo que la enceguece y verá la relación entre la hiperconsciencia de la alergia y las enfermedades autoinmunes, en que los glóbulos blancos atacan el cuerpo que son ellas y debieran defender. Pero aún estás enfermedades, que son una desviación, tienen un momento de verdad; el cuerpo nos es inapropiable, no podemos reducirlo al yo, y cuando los globulos blancos toman prestada la consciencia de la neurosis, que en su hiperquinesia a presión logra salirse de sí, atacan a lo otro de mi en mi. La artrosis autoinmune es una cosa muy triste.

La hipocondría, que constituye por otro lado una experiencia diferente, es sin embargo un fenómeno hermanado con la extrema perceptibilidad del yo alérgico frente a la ajenidad de “nuestro” mundo. Muchas veces se asocia a la hipocondría con la idea del exceso de sujeto, es decir, con el hecho de que el hipocondríaco pondría en la apreciación del síntoma sus miedos irredimidos, impondría irrealidad a la cosa. Así, el sentido común reza que, contrariamente a lo que el paciente doctorado cree, nada objetivamente malo le está pasando; que el síntoma es un fenómeno psíquico que falsea la realidad del cuerpo, que si por él fuera, síntoma no habría. Sin embargo, la realidad es totalmente la contraria. Comprende el hipocondríaco que la esencia de lo único esencial a la vida es su fin irremediable. Aun si algo fuera eterno, ¡eso eterno claramente no es la salud señores!. La hipocondría jamás es falsa, simplemente maneja una verdad trascendente. El principio de erosión domina la existencia como la gravedad a los cuerpos. Hay síntoma, eso es así, y la mentada falta de correspondencia con una enfermedad particular como signo de la falsedad del síntoma es producto de una faltante, pero de dialéctica. El problema es un perro muerto. Un perro estornuda y muere 42 años perrunos después; no es que el síntoma no correspondiera en ese entonces al diagnostico primero y acertado del perro-paciente, sino que dicho diagnostico era verdad fuera de(l) tiempo. El síntoma es el del diagnostico, sólo que los separa un abismo de duración, mensurable o no, según guste usted. Son los primeros signos de la nada que habita la temporal fenomenología del cuerpo. Y lo corporal, que es pura sincronía en su realidad subcutánea, comprende, gracias a la conciencia hipocondria, que la muerte simplemente despierta a las células de su sueño mundano para indicarles su lapidaria presencia, que ha de señorear. Es el hipocondriaco quien, en una sensibilidad metafísica poco común, se deja abordar por el objeto, que hace consciencia en su estomago, y se comprende naturaleza y lo indomeñable de la muerte de lo que es naturaleza; es el común quien consumiendo el objeto piensa que puede permanecer inocuo a lo otro de sí, e intenta refugiarse en el particularismo psicológico, en el localismo psicológico como si el yo lo fuera todo y todo poderoso. Pero la alergia y la hipocondría son el testimonio frenético, fronético, de que hay exceso, de que lo otro de sí como mundo y como propio cuerpo no nos es reductible. La insuficiencia de la conciencia, la conciencia del abismo, la naturaleza que es terror bello, nuestra violencia fracasada, el quebrado dominio, una tristeza sublime, y un estornudo ya coronado, como es debido, por una sonrisa en los ojos.

martes, 22 de julio de 2008

Bienvenidome (Tan viejo como Febrero 2008)



Llegó el día de escribir para la ausencia, un drenar que invierta la gravedad y riegue ciertas raices que hace tiempo beben sólo aire sobre mí. ¿Qué será de ese liquido volado, cada vez más escamado, que escapa por las estrías craneales, que en fisuras se extiende, para finalmente rajar la piel con el filo de los cristales duros de su espesura? otrora viscosidad cansina, sale ahora en forma de chorro burdo, indecoroso, sin ser bestial, sin ser tremendo, pura potencia por la potencia misma, tal vez de tan mal pelaje y mal gusto como los fierros por los fierros mismos o la paja por la mismisima paja, la cual, la última, devela el misterio, pues nada puede quedarse ensimismado por mucho tiempo, y la paja viene con su propia blancura que se eleva, para estrellarse luego, mietras se aleja mirando a su creador como el ángel de Benjamin al ventarrón y sus ruinas, pues no veía sólo el amontonamiento de escombros, ¡veía también la masa airosa que lo movía! Lo vapuleaba como uno puede manipular un tenedor, pero a ese movimiento añadanle el tembladeral de arcadas que puede tener semejante utensilio en manos de un mierdívoro. Así lo veía al menos Benjamin mientras atestiguaba como los fierros se cargaban a sus muertos, pero, sobre todo, después de pensar en Stefan y no aguantar la angustia y después jalarsela y ver su viscosidad alejarse y mirarlo a él como el alado a esa enfermedad autoinmune. Asi tampoco lo drenado ha de quedar en si, ¿cómo fue eso pensable? Sin acá ni acullá va para el silencio o tal vez regrese sin irse, pero, para que mentirse, no ha de quedar en si, ya no. Así mejor, que tire de la cadena y que no suenen campanas.

Testimonio sobre alguna imagen (ejercicio-homenaje a Bolaño)

Armando Sebastián Madero, Bar “El Chivito Traicionado” en el Centro Cultural “Ayuí Grande”, calle General J. G. Artigas Montevideo, Marzo 2008.

Lo conocí en Montevideo, era el año 2001. No lo había leído hasta entonces y luego de tener por primera vez un libro suyo entre las manos ya no lo volví a ver. Estaba ya enfermo, con sus carnes y sus huesos desempalmados unos de otros como si aborreciesen estar condenados a hermanarse en su naturaleza subcutánea. En mi sucedió algo similar, pero entre sus escritos y el obrador, como si el escritor y su obra no se llevasen bien en ese territorio que venía a ser yo, un lector, pero uno no indeterminado por cierto. Luego de esa única vez, no lo volví a ver más que en las letras de molde, cuando desenfocaba la mirada y todo era nublado, un cielo cerrado sin constelaciones, borrosas y tipográficas nubes donde yo podía adivinar una manzana prohibida o el rostro de usted. Y también, claro está, intentaba verlo en su foto más famosa sobre el cartón, allá donde el libro no comienza aún, con ese piloto de investigador privado, con esa oscuridad nostálgica del sabueso, con ese gesto de soy detective y descubriré la imagen. Se daban luchas entre ese yo, el otro yo, y yo, continuos combates sin nombres propios. Cuando nos enfrentábamos al interior de mis pupilas, supuraba inevitablemente lágrimas y a veces lagañas de un verde inorgánico, como si estuviese eyaculando por el iris de mi ojo izquierdo, que era el único que procedía de manera semejante, cosa que no terminaba de agradarme, aunque no lo comprendiese del todo. Comprenderlo, eso hubiese sido ya insufrible. Pero ¿por qué hablo en pasado? Sigue drenando viscosidad mi lado izquierdo. De vez en cuando, al despertar con la sensación de la capilaridad ausente, tiemblo como si mis nervios estuvieran en el más acá del tejido muerto que envuelve mi cuerpo restante, y tengo la imagen vibrante de las vísceras nerviosas ondeando bajo la brisa, y entones mucho me agito y el semen trata de vencer las defensas semipermeables de mis parpados y tiene, en general, su humilde victoria. Esporádicamente, incluso, mi ojo derecho parece reaccionar esas mañanas. De tinta blanca esta pergeñada aquella esencia de ciénaga, aquella humedecida ceniza de la batalla librada, la individualidad eclosionada contra el sujeto, que supura como diciendo: he aquí la historia en sus propias palabras, soy la sangre que derramada es circulante. ¡¡¡Pero que denso me puse!!! Perdone, y entiéndase que es una metáfora, y como tal, bueno, no tiene porque oprimirse su significado ni su supuesto significado huidizo oprimirlos a ustedes. No soy un gran literato, y tal vez por eso confío en no dañar a nadie ¿o no? Escribo, yo escribo, yo también soy un Madero. Soy un Madero, aunque no soy nada del más famoso de los ignotos, Juan García, ni me acerco a él, ni ganas. Y este no aproximarse implica no solo las cuatro coordenadas de este sucucho espacio temporal que llamamos Mundo, México, Montevideo, Latinoamérica, el hospital, la incubadora, el nicho, sino que también estoy queriendo implicar lo que suele escapársele a estas dimensiones tan científicas o de sentido común, que hoy, bueno, juegan a ser lo mismo, un juego de muchos que mueve nuestro oloroso y rengo universo. Ay, ciencia y sentido común ¿Cómo han llegado el queso y el dulce de batata a coincidir? He empleado nuevamente la metáfora, ¿se dio cuenta? ¿Que dirían las lenguas satinadas e impolutas de mi? pues barbaridades. Pero sometido a sus vaivenes no vibra mi tímpano, ni mi caracol, y su sonido no es. Por otra parte, yo no tengo una de aquellas lenguas, sino una de un tipo más triste y desfigurado, una de estas lenguas que son las hermanas negadas de aquellas. Nuestra extremidad fónica es áspera como la de los felinos, y fíjese que no es carente, pero semejante cualidad solo le vale para lamer los platos sucios o las ollas sucias o lo que ha caído al suelo. Para los líquidos, para el helado de crema o para todo lo masticable, bueno, su aspereza le significa una mierda, aunque creo, tampoco la limita, lo cual es terrorífico en si mismo. ¿Qué nos queda? ¿Qué nos queda?

Nos vimos en Montevideo, ¿se acuerda? Tenía los ojos como de recién resucitado, su mirada era como el mar vivo en que todo lo visible, y aun su reflejo, es muerte, en donde la vida es lo que se oculta, lo ausente. Usted acarreaba no sin esfuerzo esos ojos aviesos, como si hubiese entendido el particularismo que encierra Montevideo, el muerto que carga. Usted miraba con los ojos no de los montevideanos, sino como si fuera el testigo del asesinato perpetrado por nuestra ciudad. Montevideo se mueve jugando a ser un reloj simplón, pero no lo es. ¿lo sintió así usted? Cuando despierto por la mañana bien temprano y comienzo a caminar antes de que el engranaje bajorealista del microcentro lo haga, y la realidad oriental comience a moverse a duras penas como un viejo tren que inicia su marcha a fuerza de dos tronquitos y medio kilo de carbón, cada vez, es decir siempre, me brota la misma pregunta, pero no como una simple extensión de mi cuerpo, sino como un tumor, una pregunta tumor ¿Cómo tanta torpeza nos engaña horas más tarde? ¿Cómo llegamos a borrar de nuestra memoria sincrónica la presencia de estas mañanas que abren un tajo abismal en el lomo del más ingenuo de los hombres? Yo mismo no puedo retenerme en esa sensación, como si el corte no acabase en la figura retórica y me estuviese desangrando y yo tuviese que cerrar esa imagen como alguien que se sutura desesperadamente una herida solitaria en el centro mismo de la selva tropical, pero no de cualquiera, en el centro mismo de aquella misma selva que le falta a nuestro Uruguay. En Atlántida no me pasa lo que en Montevideo. Allá no hay organización que comprender, es un cuento realista y trivial. Montevideo es un buen cuento que Chico Buarque nunca escribió, algo así como una prosa más pequeña que sus pequeñas novelas. Pero a Buenos Aires o al DF ¿han estado caminándolas a las 5, 6 de la mañana? Ésas son como un libro de Bolaño, la desmesura caótica que no se derrumba y uno debe suponer, y lo siente, que algo juega allí con nuestra incredulidad y que ello no es un reloj, siquiera con rabia, como diría el bueno de Juan, sino uno de esos temporizadores de arena que nunca dejan que la gravedad venza la totalidad de sus granos. Ese también es un orden, y bastante más complejo de explicar que la gravedad, que como teoría se expone fácilmente. Lo que tiene de difícil es su ejemplificación, el visualizar en un solo bastidor el cuerpo celeste de nuestra querida tierra y, digamos, la manzana de Newton o, ni que hablar, el granito de arena. Entonces uno se hace una imagen distorciva de los cuerpos, la manzana de su tamaño y la tierra con un diámetro de 2 metros, y ahí ya no puede ni comprenderse la teoría. Esa es su imagen que nos deja. Puedo entender que la muerte atraiga a la muerte, que el capital llame al capital, pero no veo, literalmente ni literariamente, como un cuerpo muerto atraiga otro, ni como incluso uno vivo a otro vivo, siendo como somos. Y vuelvo a pensar el granito de arena que se le resiste al todo que gravita.

Pero, ¿Qué es ese todo menos el granito de arena? La imagen me llega indómita, irreconciliada con el banco de imágenes. Pero así beligerante se subsume a su pasado, a lo que nos dejan las metáforas muertas, ¿no? Pero hay fisura, y el abismo ha de llenarse con algo, no hay lugar allí para la nada, tal vez para su expresión o representación o para la ausencia, pero ese espacio entre palabra y palabra, entre figura y figura es testimonio de algo, incluso de la nada, ¿no lo cree usted? o tal vez de los cuerpos que quedaron flotando entre la muerte ultima de su expresión y la reencarnación que no llega, como un acontecimiento que en su fracaso logra no burlar la historia de la palabra, pero si tal vez a su cadena, esa de eslabones de conceptos. La lengua la tenemos convaleciente, es eso evidente, es ahora lo más díscolo, ¡como sufre en su rincón rebelde! Es un muerto reencarnado en un pliego de cuerpo, no en el cuerpo, en la grieta, acullá de la comprensión, para poder intentar significar realmente algo. Pero no por eso, ¿no lo piensa igual usted?, se ha de dejar necesariamente lugar al caos de lo más gris. Hay intuiciones vivas, de hecho una me dijo que usted juega, juega. Y eso me envalentona, y la valentía viene con su voluntarismo a cuestas, y entonces me veo en la obligación interna, o externa, de decirle a usted que en ese jugar también a veces se equivoca, ¿me lo digo a mí sobre usted? Jugar no parece excluir el errar, en ninguna de sus acepciones. No sé, pero mi querido camarada, usted sin duda se confunde, no es como usted le hace decir al desquiciado ese de Font. La libertad no es buena imagen para decir al número primo, ni viceversa, claro está: las figuras retóricas deben tener la propiedad de la reversibilidad, ¿no? Esas perlas esparcidas parecen tus dientes luego de un match de boxeo. Permítaseme el humor, y dejémoslo ahí: la prosa torpe asecha. Volviendo, le quería decir que, en cambio, el numero primo es Narciso de cara al río que no se mueve, es la soledad enamorada de si misma, la libertad en cambio es como un número par que no logra dividirse nunca, o que cuando se divide se olvida de su origen, es un número que se transita pero no se hace, no se labra asi esa libertad, es decir, uno no realiza semejante creación, o tal vez se la concrete, pero como cuando uno dice 2, o 6, o los dibuja, o dibuja 34 manzanas y cree haber entendido la relación entre los números pares y los impares, y los primos, que son impares. Bueno, pero creo que ya entendió mi punto, ¿no? Ya se, me refiero a que si lo que digo dialoga, o ilumina o es iluminado por la obra de usted, o lo que quede de usted. Perdón, ya sé que él está dispensado de oírme. Disculpen los deudos de que le hable a su muerto, pero ustedes lo tuvieron vivito, a mi me queda así, y el recuerdo puramente verbal lleno de figuras y metáforas, pero seco de memorias de retina, de una tarde en Montevideo. Me parece que deben permitirme que lo interpele, aun si no puede contestar, si es que lo trato respetuosamente; miren que ni siquiera lo tuteo, cosa que sería nimia comparando con las licencias que se dan en el plagio o la sátira directa otros que escriben y se dicen autores. Mi áspero amigo, que ahora vuelto al tintero, ahora que salió, como quien dice, con los pies para adelante para zambullirse en ese otro mundo de las cuevas, desde el que nos tiran sombras los ilustres ausentes como si el centro de la tierra fuera de tal incandescencia que pudiese atravesar todo sólido, menos sus cuerpos; desde allí mi benemérito, usted se nos da o no, pero actúa como si se acostara con nosotros, pero como lo haría una puta que ama a su chulo perdidamente. Ceda ¿Qué es ese centro luminoso? No me diga que la literatura, o que la biblioteca, o la gran metáfora incendiándose o pavadas por el estilo. Bueno, usted no nos daría de comer semejante plato, una rúcula endulzada para el lector que desea que el escritor le tire guiños todo el tiempo ¿no?, usted esta por el raspar la olla, por lo comido succionado del suelo, y no por el helado, a menos que se le haya caído al niño a la zanja. Entonces ¿De dónde sale esa luz? Ande, camine y arrástrenos su sombra, más allá del libro, como un Mahoma distraído que avanza con la montaña que, buscando sus talones, va a la saga llevándose pueblos píos e impíos al interior de sus fauces terrosas, a su corazón marrón.

miércoles, 28 de mayo de 2008

Pisa Pisuela (Lazariana I) 2003

Ay, eso tan mío con su piel aquella

Que Aquiles mismito tras ella ella

Pisa pisuela con pies ayer ligeros

Hoy pisan, pesan, dejando agujeros.


Aquiles, el de pecho de toro

Ay, pie yunque tu alma

Pisuela, pisada amarga, ciruela

Corriendo corriendo tras tu tez condena.