miércoles, 9 de junio de 2010

Una comunidad judia en su hora pre-peronista

La comunidad judía se encuentra hoy en un estadio pre-peronista. Los judíos nos hallamos en una suerte de periodo oligárquico en que un manojo de instituciones no representativas o directamente ajenas se arrogan la representación de todos, hablan en nombre de los judíos, y sin mediación alguna pretenden hacernos apologetas de crímenes de lesa humanidad. ¿no es hora de que pongamos las patas en la fuente, entremos en escena de cuerpo presente, de palabra presente? Porque, así dadas las cosas, todo aquello disímil que para cada uno y para cada cual es “lo judío”, el ser judío vital y biográfico, seguirá siendo profanado incesantemente por la política espuria de aquellos que vapulean nuestra tradición y nuestra historia, y hacen la política más sucia con ellas.

Luego del pistolero ataque Israelí a una flotilla internacional con ayuda humanitaria que pretendía al unísono aliviar la situación de la población sitiada de palestina y poner en cuestión un inhumano e ilegal bloqueo, y en una caricatura repetida, ayer nuevamente se reunieron en la Sociedad Hebraica Argentina (SHA) el embajador de Israel en Argentina, Daniel Gazit, y los representantes de la DAIA, la AMIA, la Campaña Unida Judeo Argentina (CUJA) y la Organización Sionista Argentina (OSA), para pretender falsamente la unidad de la comunidad judía argentina en el apoyo ciego e incondicional al Estado de Israel.

Y sucede por enésima vez, con la gravedad creciente de los cadáveres de seres humanos que no cesan de apilarse, por enésima vez han salido desde las instituciones a respaldar el discurso obscenamente falso y la acción criminal odiosa del Estado de Israel contra el indefenso pueblo palestino y contra cualquiera que se atreva a pretender justicia para él.

La comunidad judía es un sujeto más o menos real, más o menos artificial, pero que existe sin duda en tanto que se lo interpela y termina englobándose a decenas de miles de voluntades de ascendencia judía en Argentina bajo la categoría. En la medida en que son los nombres de miles de personas con ideas, pareceres y principios particulares los que identifica la idea de comunidad judía, ¿quiénes serían capaces, para apañar violaciones comprobadas a los derechos humanos, a usar sus nombres en vano? Son capaces sólo aquellos que usan nuestra humanidad únicamente como medio para otros fines, y que en ningún caso tienen por fin y objetivo el resguardo de nuestro ser, sensible a la injusticia, perseguido, resistente, crítico.

Por un lado tenemos a la Embajada de Israel en argentina, que debiera restringirse a asistir a los inmigrantes y turistas israelíes, únicos sujetos que pueden ser representados por ella. Cuando dicha embajada habla en nombre de los judíos argentinos les está usurpando su identidad y no deja de realizar golpes de estado a la representación de dicho colectivo. Esta comunidad judía argentina, que ilegal e ilegítimamente se arroga representar la embajada de Israel, era desaparecida juntamente con otros miles de argentinos compañeros de sendas y sueños mientras el gobierno israelí, al que sí representa legitima y legalmente la mencionada embajada, les vendía armas a las militares argentinos, sus secuaces violadores de los derechos humanos. Hoy ese favor cruento lo devuelve la Argentina. Mientras Israel viola todo derecho internacional y humano, Argentina honra a dicho estado en el marco de los acuerdos comerciales Mercosur-Israel, y los aun más ominosos acuerdos secretos israelíes-argentinos de cooperación “científica”, previsiblemente militar, de la ley 26.437 del 13 de enero de 2009 aprobada a escondidas al calor del carnicero ataque autodenominado “plomo fundido”, y que Laura Grinsberg y APEMIA vienen denunciando).

La otra cara de esta falsa representación, esa moneda de curso ilegal e ilegítimo, está dada por la junta oligárquica que dice representar a la comunidad judía pero que, siendo antidemocrática en su misma constitución, lejos se halla de tal atributo: vecino argentino judío, vecina argentina judía, joven universitaria, ¿Ud. sabe a quién, cuándo y dónde se realizan las elecciones de la Daia y la Amia? ¿qué se vota? ¿está Ud. empadronado? ¿podrá votar? En las últimas elecciones de autoridades que coronaron a los ortodoxos votaron menos de 7.400 personas de una comunidad que supera los 200.000 miembros en Argentina. Pero no sólo sucede que su legalidad se encuentra viciada, sino que sobre todo la legitimidad de estas instituciones raya la nulidad a partir de la sí por todos conocida traición continua a los vivos y a los muertos luego de la voladura de la AMIA en 1994 y las múltiples relaciones non sanctas con los poderes de turno. La comunidad judía vive su ya demasiado larga década infame, y ha de acabarla irrumpiendo con su presencia viva.

Si el calvario y muerte de nuestros padres, abuelos y bisabuelos, su sufrimiento, dignidad y resistencia, no nos anima hoy a indignarnos y a resistir la utilización de lo que ellos significan para nosotros y para la conciencia de la humanidad toda, si no nos envalentona a decir NO ante su utilización para apañar y exculpar continuas injusticias, nuevos crímenes indecibles, si no nos hace alzar la voz, avergoncémonos, avergoncémonos, avergoncémonos.

Los palestinos viven en la total injusticia, subyugados por un poder comparativamente omnipotente que ha demostrado todo desprecio por su humanidad. La justicia no les ha de llegar sin que Israel antes no pierda cierta intangibilidad internacional que se sostiene, no en pequeña medida, en el hecho de que Israel encarnaría el espíritu y salvaguardia de todos los judíos, los perseguidos por centeños y exterminados en los campos de concentración nazis, así como nos representaría a nosotros sobrevivientes y descendientes. Auschwitz y su memoria en nosotros, la experiencia de lo judío en nosotros debe, con nosotros, despegarse de su utilización manipuladora y exculpatoria.

Los judíos que se sienten seres humanos, justos y dignos, más allá o más acá de su judaísmo, fuera o dentro de Israel, deben hoy alzar su voz por un pueblo hermanado en la injusticia, el pueblo palestino. Y la comunidad o colectivo judío de argentina, como cada uno prefiera, ha de decir nuevamente No en Nuestro Nombre y negarle toda legitimidad a quienes dicen hablar en su nombre cuando hacen apología de continuos, terribles crímenes, y de la violencia más vergonzante e inmoral.

Cuentan que en una mutua montaña oscura y ante senderos neblinosos el judío Adorno dijo que el camino correcto estaría dado únicamente por el esfuerzo por salir de esa oscuridad, la barbarie. Y lo hizo no sin que agregase prontamente el judío Celan “es hora de que sea hora”.

Es hora de que pongamos las patas en la fuente.

Ariel S. Feldman

08.VI.2010

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